Había que ir a Cuba antes de que muriera Castro

1 diciembre, 2016

Había que ir a Cuba antes de que Castro muriera

Pues sí, eso es lo que decíamos antes, que había que ir a Cuba antes de que muriera Castro.

Sé que muchos odian esta frase, pero la verdad es que Cuba es un país único en el mundo gracias a Castro y por culpa de Castro.

Yo lo viví durante nueve días y medio, en un viaje que se convirtió en el más interesante que he hecho, incluidos los más de tres años que he vivido en Londres, que también han sido muy interesantes, pero no tanto.

Tuve el privilegio de estar con cubanos de verdad y la suerte de conocer a procastristas y anticastristas.

Y puedo decir, que aunque me da una pena terrible que Cuba deje de ser ese espacio de película en el que se ha convertido, me alegro muchísimo por toda esa gente que conocí y que hablaba con una pena terrible sobre lo que Fidel había hecho con sus vidas.

Fidel Castro murió la semana pasada, pero Cuba empezó a cambiar hace tiempo.

Fidel ya llevaba retirado diez años, pero la gran duda que hay ahora es si seguirá siendo un país comunista o si se irá abriendo al mundo poco a poco.

Por si puede ser un problema para alguien, no voy a dar los nombres de ninguna de las personas que protagonizaron nuestro viaje.

Este post va sin fotos, porque en esa época en la que fui, todavía no tenía cámara digital, así que por una vez….

Nos vamos a Cuba

Fui a Cuba hace diez años.

Estaba tranquilamente trabajando cuando me llamó mi amiga C y después de contarme varias cosas me dijo “¡Ah, por cierto, que me voy a Cuba!”

Me sentó un poco mal porque ella tenía un amigo viviendo allí y hablamos de que podríamos ir a verle y que nos enseñara Cuba.

Entonces, como mi amiga me vio un poco molesta me dijo, no hemos comprado todavía los billetes, si quieres venir dímelo, pero decídete rápido.

Me decidí en media hora, lo que tardé en hablar con mi jefe para pedirle los días y hacer cuentas.

Enseguida la llamé y le dije “Me voy contigo a Cuba”

¡Mi amoooool!

Al día siguiente fui al consulado cubano a pedir mi visado y ahí empezó mi viaje a Cuba, cuando una negra enorme me decía a gritos y con el tono meloso cubano: “¡¡¡Qué quieres mi amooool!!!”

Yo, que estaba totalmente desorientada en la puerta de entrada del consulado, empecé a sonreír y a imaginarme mis días de felicidad en Cuba.

Pero mis días en La Habana no tendrían nada que ver con lo que yo me imaginaba en ese momento. Fueron muchísimo mejores.

 

Una llamada a escondidas

Un día antes de salir hacia La Habana me llamó mi amiga C bastante asustada.

“Me ha llamado mi amigo, a través de una amiga, y ha dicho una cosa, que cuando nos pregunten en la aduana de La Habana que dónde nos vamos a alojar que digamos que nos alojamos en el Meliá Cohiba”

“¿Pero por qué?”, dije yo, “nos vamos a alojar en una casa

Mi amiga C no lo sabía, la amiga de su amigo sólo dijo eso.

Así empezaba nuestra aventura en La Habana y eso que todavía no habíamos salido de Madrid.

En el aeropuerto de La Habana

Ya teníamos nuestros billetes y el visado.

No me dio tiempo a comprar una guía de Cuba, pero sÍ compré un cuaderno y durante el vuelo en el avión, apunté lo más interesante de la guía.

Llegamos al aeropuerto de La Habana, pasamos por la aduana y llegó la pregunta que estaba esperando “¿Y donde se van a alojar ustedes?” “En el Meliá Cohiba” dije yo con toda la tranquilidad que pude.

La verdad es que estaba muy tranquila, porque si me decían algo, sobre que no había ninguna reserva en ese hotel, yo iba a montar en cólera contra El Corte Inglés, que era donde, en teoría, habíamos hecho las reservas.

Pero nadie nos dijo nada, el militar cerró mi pasaporte, me lo dio y pasamos la aduana.

Conociendo La Habana

El amigo nos recogió en el aeropuerto y nos llevó de turismo y lo primero que nos enseñó fue la Habana Vieja, que es maravillosa, y muy turística.

Como fuimos descubriendo poco a poco, todo lo turístico está genial, el sistema castrista quiere que los turistas se lleven muy buena impresión de lo bien que viven los cubanos.

Pero en cuanto terminamos de ver la Habana Vieja, el amigo nos llevó a ver Centro Habana y se nos cayó el alma a los pies.

Es una zona que ha sido preciosa, llena de casas que se ve que en su momento fueron maravillosas.

Pero las casas estaban destrozadas y llenas de gente, porque ahora viven muchas personas en cada casa, y la ropa colgaba por todas las fachadas.

Las calles estaban llenas de gente mal vestida, porque no tienen ropa nueva.

Conociendo a los cubanos

Ese mismo día fuimos a ver a unos amigos de nuestro amigo, que vivían muy lejos del centro.

Tuvimos que coger una autopista que estaba destrozada y vimos unos barrios terribles y deprimentes.

En uno de estos barrios vivían R y su mujer.

Fuimos a su casa, pero no pudimos entrar, porque como nos dijeron muy sonrientes, estaba hasta arriba de gente.

Así que fuimos a un timbirichi, que es lo que en España llamamos un chiringuito.

Nos pedimos unos perritos con tomate natural, supongo que el ketchup es demasiado yanqui, y malta.

Nos contaron que llevaban unos años casados pero que tenían que vivir con toda la familia.

En la Cuba de Fidel no puedes tener tu propia casa, porque no hay suficientes y no pueden hacer más.

Así que tienes que solicitarla y a no ser que tu familia sea profidel tienes que vivir en la misma casa que toda tu familia.

Estas fueron las primeras personas que nos hablaron mal de Castro y lo hicieron abiertamente, sin el más mínimo miedo a que les oyeran en el timbirichi.

Supongo que en ese barrio, tan alejado del centro, estarían todos los castigados de Castro y todos pensarían igual.

Una guerrillera de la revolución

Nosotros estuvimos viviendo en el otro lado.

Alquilamos habitaciones a una anciana que tenía una casa preciosa en un barrio residencial cerca del centro.

Vivía en un chalé muy bonito con jardín junto a su hija y su nieto, ¿cuál era el secreto?

El día anterior habíamos visto como la gente vivía miserablemente en Centro Habana y habíamos estado en un barrio terrible del extrarradio donde R y su mujer vivían en una casa pequeña con mucha gente.

La gran verdad era que la anciana había luchado de joven junto a Castro por la revolución.

La gran verdad era que la anciana pertenecía a una familia cubana muy importate y que cuando su familia tuvo que huir de Cuba, ella se negó y se quedó con Fidel.

La verdad es que era alucinante verla hablar, mientras pensabas que de joven había luchado junto a Castro y que era amiga suya personal.

Así que ahora era una privilegiada y vivía en una casa muy bonita y, además, tenía coche, una cosa dificilísima en Cuba, y chófer.

Sí, un taxista, pero que estaba siempre en la puerta de su casa y que cuando lo necesitábamos no teníamos más que llamar y él venía a recogernos.

El color de las matrículas en Cuba

Las matrículas en Cuba tienen diferentes colores y cada color tiene su significado.

  • Matrículas amarillas: corresponden a propietarios de coches, son muy pocos.
  • Matrículas blancas: ministros o directores de una importante institución.
  • Matrículas azules o marrones: autos de empresas estatales.
  • Matrículas verdes: cuerpos armados.
  • Matrículas naranjas: empresa mixta.
  • Matrículas negras: diplomáticos.
  • Matrículas rojo oscuro: extranjero.
  • Matrículas rojo claro: director de empresa.

Por las mañanas ves a muchísima gente haciendo autoestop por las calles de La Habana.

La mayoría de la gente no tiene coche y tienen que ir a trabajar, así que la opción es el autobús, pero nos contaron horrores del autobús de la Habana, todos lo evitan, pero no siempre pueden.

Como no hay coches nuevos, La Habana está llena de preciosos y pintorescos coches de los años 50, porque en ese momento es cuando llegó la revolución y Cuba se quedó estancada.

Así que todo el que tenía coche, en ese momento, ha hecho virguerías para mantenerlo hasta ahora, porque ahora no se pueden tener, ano ser que el Estado decida darte uno .

Vivir con un agujero en el techo

Nuestro amigo nos llevó una mañana a casa de un conocido suyo a hacerse un tatuaje, nos pareció un plan genial, así que fuimos con él en el coche.

Era otro de esos barrios feos y lejos del centro, donde viven los que están en contra de la Revolución.

Llegamos a una casa vieja donde nos abrió una señora encantadora, los cubanos son encantadores, a pesar de todo lo que han sufrido no paran de sonreír y de beber ron alegremente.

Pasamos a un salón donde había un agujero enorme en el techo, podías ver el cielo perfectamente a través de él.

Salió su amigo, lleno de rastas y de tatuajes, estuvimos hablado un rato en el salón con él, su madre y su abuela.

El agujero estaba sobre nuestras cabezas, pero nadie le daba ninguna importancia, nadie se disculpaba.

Debía de llevar años ahí porque para ellos formaba parte de la decoración de la casa, hasta que por fin alguien dijo que el agujero fue por culpa de una tormenta enorme que hubo y que se llevó el tejado.

¿Y no lo pueden  arreglar?

Pues no, porque la realidad era que en Cuba no entraban materiales nuevos desde hacía décadas, así que la gente usaba y reusaba los materiales viejos.

Encontrar materiales, aunque fueran viejos, para un agujero así de grande era dificilísimo.

Los dos amigos se pusieron manos a la obra con el tatuaje, de repente apareció un matrimonio negro en la escalera, se apoyaron en la barandilla y se pusieron a mirar durante dos horas cómo evolucionaba el tatuaje.

A mí me soprendió bastante que dos personas pudieran perder el tiempo durante tanto tiempo un lunes por la mañana.

Pero nos contó el tatuador que el matrimonio vivía en la misma casa que ellos, esto es el comunismo, y que trabajaban dos o tres días a la semana.

En Cuba no hay trabajo para todos

En Cuba no hay iniciativa privada, todo lo que hay es trabajo público y todo el mundo tiene sueldos muy pequeños.

Como no hay trabajo para todo el mundo lo que hacen es que trabajan dos o tres días a la semana.

¿Y qué pasa con el resto del tiempo? Pues que la gente se aburre como ostras, porque no tienen dinero para hacer nada.

Además, como no hay empresas privadas, no hay nada que hacer.

Así que la pareja se pasó dos horas mirando cómo le hacían a mi amigo un tatuaje, mientras yo pensaba que qué harían cuando lloviera con ese agujero enorme que ocupaba casi todo el techo del salón.

¿Quieres casarte conmigo?

Esta es una famosa frase que hacen a muchas turistas algunos cubanos desesperados por salir de Cuba.

A mí me la hicieron y muy lejos de contarlo en España riéndome y orgullosa, me deprimió bastante, por la desesperación con la que me lo pidió el cubano.

Fue el tatuador el que me lo pidió.

Durante todo el rato que estuvo haciéndole el tatuaje a nuestro amigo, nos habló de su vida en Cuba, vivía desesperado, soltó pestes sobre Fidel y su sistema.

Nos contó que le encantaba Dalí, yo acababa de leer dos libros de Dalí, su Diario de un genio y su Crítica del arte moderno, y le hablé sobre ellos.

Me miró muy serio y me dijo que esa era una de sus desesperaciones, que en Cuba no podían tener acceso a ese tipo de material.

Yo le pregunté que porqué y él me dijo que porque nadie tenía dinero para comprar esos libros. Así que la cultura apenas existe.

Cuando terminó el tatuaje le dijimos que viniera con nosotros al centro que le invitábamos a comer en algún sitio.

Nos llevó al barrio Chino y entramos en el restaurante chino más raro que yo he visto.

Pedimos una pizzas y de aperitivo, maripositas, que es como masa brick rellena, muy típica en Cuba.

El tatuador siguió contando su desesperación por salir de Cuba, le preguntamos que si estaba prohibido salirpara todo el mundo.

Nos dijo que solo dejaban salir a algunos, a los que son fieles a Fidel, después de solicitarlo y que pueden tardar años. Pero él con su aspecto, lo dice todo a gritos.

Le dijimos que por qué no hace el paripé durante unos años, que disimule y que se vaya.

Pero dijo que eso era muy duro, que él era joven en ese momento, y que le apetecía ser así en ese momento.

Y es verdad que uno tiene necesidad de demostrar su personalidad, especialmente, de joven.

Entonces me dijo, desesperadamente, “¿Por qué no te casas conmigo?”

Me dijo que él era un tatuador buenísimo, que se iría a Madrid conmigo, que montaría un negocio de tatuajes en un local en el centro de Madrid y que me tendría como una reina.

Los cubanos y su idea del capitalismo

Ese es uno de los grandes problemas de los cubanos, que tienen una idea totalmente infantil del capitalismo.

Como ahí no hay competencia de nada, no se miden, él era un tatuador bastante regular, pero como no tenía competencia creía que era muy bueno.

No era consciente de lo carísimo que es un local en el centro de Madrid y que no se puede montar un negocio de la noche a la mañana.

Y, sobre todo, no era consciente de que nadie vive como un rey con un negocio de tatuajes, porque como todo en el capitalismo, es muy difícil.

Pero ellos creían que aquí, en Europa, los billetes salían de los árboles y que todos éramos ricos.

Contaré el resto de mi viaje a Cuba en otro post, porque este está siendo ya demasiado largo.

Hablaré de cuando fuimos a Varadero con nuestros amigos cubanos, de la vuelta de Varadero viendo todos los camiones en Matanzas cogiendo gente para llevarlos a la manifestación de La Habana del día siguiente, de nosotras en la manifestación…